La ansiedad, la culpabilidad, la vergüenza, el miedo originado por tener que asistir a una consulta dental  y no hacerlo pueden ser los culpables del deterioro de nuestra salud bucodental.

El miedo tiene muchas causas pero una de las más fuertes es la que hemos pasado de generación en generación respecto  a experiencias desagradables, miedo a las agujas, a lo desconocido, a los ruidos. Sin embargo la evolución del mundo de la odontología ha sido gigante, la anestesia nos permite tratamientos sin dolor, la premedicación con sedantes, ansiolíticos o relajantes  ayudan a que nos encontremos más relajados, los  materiales biocompatibles, terapias de autocontrol etc. hacen la práctica mucho más sencilla y agradable.

Qué hacemos  para evitarlo?

Identificar el miedo y reconocerlo para enfrentarlo: el Autocontrol es muy importante.

Informarse debidamente del tratamiento para resolver todas las dudas, pedir que se explique claramente y paso a paso el tratamiento.

Planificar el  tratamiento empezando de lo más sencillo a lo más complejo para ir familiarizándose.

Buscar siempre un odontólogo de confianza, la empatía profesional-paciente es fundamental.

Informar al equipo de profesionales estos miedos ya que juntos se pueden enfrentar y tomar las medidas pertinentes para resolverlo. Existen terapias de respiración, música que pueden implementarse.

Nuestros dientes deben durar toda la vida por lo cual hay que cuidarlos, no espere a que una situación puntual se agrave y empeore, la mejor forma es evitarlo, prevenirlos con  las revisiones trimestrales, semestrales o anuales según cada caso.