Es indiscutible el impacto profundo que ha tenido a nivel general el COVID-19 en la salud y economía mundial. En odontología  es evidente el aumento de consultas en las clínicas dentales respecto a fracturas dentales, bruxismo y enfermedad periodontal.

Con el confinamiento, las visitas y tratamientos odontológicos se paralizaron en los primeros meses, atendiéndose únicamente las urgencias hasta que gradualmente fueron normalizándose.

Los efectos psicosociales y económicos de la pandemia por coronavirus, la preocupación por la infección, el temor a la muerte, el aumento de conductas higiénicas y de distanciamiento social, el encierro, la falta de información y desinformación crearon un entrono de ansiedad, estrés  y depresión, alterando las actividades diarias básicas y la calidad del sueño. Hemos escuchado a los pacientes describir su repentina inquietud e insomnio. La perdida de horas de sueño reparador debido al estrés, manteniéndose en estados de excitación y tensión. Todo esto desde luego, incide directamente en los problemas bucodentales.

Además, los nuevos hábitos que tuvimos que desarrollar como la implantación del teletrabajo con la improvisación de una estación de trabajo, han derivado en malas posturas y posiciones incómodas que no solo dañan la columna vertebral sino que también favorecen el bruxismo.

Todo lo anterior afecta nuestra salud mental individual y colectiva.  El estrés lleva al apretamiento o rechinamiento que generalmente es nocturno, de manera inconsciente y que repercute directamente sobre los dientes pudiendo favorecer las fracturas.  Especialmente afecta a los dientes endodonciados que generalmente tienen menos resistencia y elasticidad que un diente sano. También puede afectar, periodontalmente a la encía y al hueso que rodea estos dientes y si persiste, la articulación temporomandibular y los músculos de la cara, estarán comprometidos.

El uso de un protector bucal nocturno, férula de descarga, un retenedor, cualquier dispositivo intraoral proporciona una barrera física que sirve de colchón amortiguador, el cual absorbe y dispersa la presión sobre los dientes.

Otro aspecto relevante es el aumento considerable de gingivitis, periodontitis, lesiones en la mucosa oral y abscesos periodontales. Es importante recordar que el uso permanente de la mascarilla, crea un ambiente cerrado alrededor de la boca que puede favorecer al crecimiento de microorganismos periodontopatógenos y la presencia de halitosis o mal aliento. Por lo tanto, no podemos bajar la guardia en cuanto a las medidas de higiene bucal e incluso debemos reforzarlas.

Ahora más que nunca es importante enviar el mensaje de que la prevención es el mejor tratamiento. Deben restablecerse los protocolos de revisiones  periódicas, limpiezas y mantenimiento periodontal.